domingo, 7 de enero de 2018


                                                DESNUDO BAJO LA LLUVIA

Le habían invitado  a una fiesta y, aunque no era amigo de saraos, había decidido ir. Era una fiesta de letras, donde se darían cita muchos como él, muchas letras con mil formas y colores diferentes, y otros mil temas tratados o por reflejar. Como condición de entrada habían impuesto vestir traje y un escrito con las letras más sinceras de cada repertorio personal.
Rebuscó entre decenas de vivencias, y vio letras de verde esperanza, con olor a mayo en flor y canciones de jilgueros enamorados a la sombra de un limonero. Vio letras de secano y amapolas, cuando el fuego de agosto pasea por trigos recién segados y soñolientas encinas.
También vio letras vestidas de otoño y ocre, con suelo alfombrados de sueños eternamente dormidos tras el paso del tiempo. Y vio letras con formas de frío y escarcha, con viento helado en sus espaldas y llanto de nubes grises en sus ojos, y voces de trueno y relámpago.
Sacó de su mesa un cuaderno de tapas azules donde guardaba todas sus vivencias, y buscó entre sus páginas aquella que creía su mejor espejo ante la mirada inmaculada de un folio. La dobló son sumo cuidado y la  guardó en un sobre.
Ahora era el momento de elegir el traje para la fiesta. Miró en el armario y vio uno de color gris, usado en momentos apagados, allí donde se imponían la lluvia y el silencio, la ausencia y el recuerdo. Compañero ideal de viajes por  el interior de uno mismo a la luz de una candela y rumor de lluvia tras el cristal de la tarde.
Tenía también un traje en tono naranja, ideal para esos momentos en los que la felicidad desborda los límites de un folio, donde cada segundo es un arco iris de emociones, y las letras se unen en un corro infinito para guardar sensaciones entre sus manos.
Y luego también tenía el más elegante pero también el más usado, un traje hecho de cristal transparente. Válido en cualquier momento y situación, dejaba ver su alma transparente y cómo latía en azul su corazón líquido. Tras dudar unos segundos eligió el traje de cristal, y al momento de ponérselo sintió aquel roce cristalino y seductor de una transparente caricia.
 El tiempo se le echó encima, y guardando el sobre con sus letras en un bolsillo, salió hasta la calle. Al abrir la puerta vio cómo la lluvia escribía poemas de gris y agua en el folio de las calles. Llovía sin cesar sobre aceras que se hacían espejos de un llanto infinito, que vestía de gris y agua el cielo de la tarde. Sin tiempo de volver se cubrió con su capuchón azul y corrió para llegar a la cita.
Con los ojos semicerrados para evitar la lluvia, apenas pudo ver aquella hoja de un árbol que yacía empapada bajo sus pies. Al pisarla resbaló y cayó cuán largo era, y sintió como se rompía en mil pedazos su traje de cristal.
Se levantó del suelo con el cuerpo dolorido. Recogió el sobre con sus letras y se encaminó a la cita. Y así, desnudo bajo la lluvia, enfiló el camino hacia el encuentro con otras letras, al borde de un folio en blanco.
 
  
                                       Imagen bajada de la red
                                      https://youtu.be/vqVLpJNfQVg
    

viernes, 15 de diciembre de 2017


                                                             DOS IGUAL A UNO

Hoy se encontraron dos mares y una sola playa al borde de un folio donde acunar letras azules, dos océanos en duermevela y un solo malecón donde rimar letras en forma de espuma. Dos sueños con almas transparentes soñando soledades en el blanco espacio de la soledad a solas. Dos playas en mundos opuestos con un mar de silencios en sus arenas, dos lunas sin fases menguantes, siempre nuevas, siempre crecientes en anhelos, siempre llenas de deseos.
Dos silencios fundidos en una sonora distancia que se rompe con las luces del alba, dos notas de blanco y negro, solitarias, en   un piano sin teclas, que se tornan irisadas cuando la luz del reencuentro ilumina los siete cielos de sus acordes, siete peldaños en su escala al cielo.
Dos pasos convergentes en el camino hacia la nada, dos paralelos de luz con destino al amanecer, dos paisajes con horizontes de mar de encinas y  barbechos de olas en la playa de un día sin vivir. Dos anhelos que resuenan a cuatro manos en el piano del atardecer, dos arenas de un mismo mar, dos mareas a contravía, con rumbo a playas de horas a oscuras.
Dos silencios al borde de un arco iris hecho de letras, dos músicas con nota de pincel y latidos. Dos alboradas en el horizonte verde de una esperanza con luces de universo en la mirada. Dos manos que unen el vacío de un sueño con los dedos de un beso en ausencia.
Dos miradas que se abrazan en un mismo horizonte cuando se hacen espejos de la tarde. Dos gotas de lluvia que juegan a ser cortina líquida y llegando hasta la tierra sembrarla de esperanza.
 Dos nubes para jugar al escondite con el sol en las paredes del atardecer, dos curvas en el camino de la vida para jugar a abrazarnos con el aire. Dos espejos y un mismo corazón, dos imágenes y una misma retina, dos letras para un yo fundido en el otro mismo.
Abro los ojos a la suave luz que me despierta. Juegan los jilgueros a vivir a la sombra de un limonero mientras cantan alegres.
Tu mano sobre la mía, tus ojos sobre los míos. Sonríes, sonrío. DOS igual a  UNO.  
 
 
                                             Imagen bajada de la red. 
                                             https://youtu.be/1KbauuM9EhY             

viernes, 24 de noviembre de 2017


                                               SI PUEDIERA ESTAR

El muro  a oscuras de los sueños a solas se va iluminado tenuemente tras cada paso del tiempo, por unas calles de blanco encalado, por unas paredes que bailan con sombras azules, al son de los dedos del sol.
El aire pesado y sordo de tantas noches a solas es ahora suave brisa con aroma de cañuelo en flor y rimas verdes de cañas eternas, caricias recién nacidas con perfume de amapolas en campos de esperanzas. La luna, eterno espejo de plata colgado del techo del cielo, borra su cara menguante y luce llena en su paseo junto al sol por las aceras del día.
Con un suspiro se cierra la ventana del corazón y se guardan todos los sueños, anhelos y deseos, en un  pequeño baúl. Y se cierra la tapa   con la llave de un beso en sequía, con la cerradura de un abrazo en espera. Llave y cerradura, beso y abrazo, quedaron fundidos en unas letras que poco después ardían en la hoguera de la tarde.
Al llegar de nuevo  la noche aquellas cenizas volaron entre nacientes estrellas, más allá del horizonte, camino de un infinito que quedó prendido en la luz púrpura de un amanecer, en la mirada infinita de unas pupilas de oscuro universo 
 
  
                                              Imagen bajada de la red
                                              https://youtu.be/f3fHDt4xQFw

miércoles, 25 de octubre de 2017


                               ESCUCHANDO AL OLVIDO

Se ha sentado una ilusión esta tarde en un banco de un parque bajo la ventana de mi ático. Ha perdido la mirada una y mil veces tras el paisaje amarillo de mil hojas en danza infinita hasta el suelo. Ha mirado otras mil veces más tras el lienzo tachonado de oro y rosa que el sol dibuja en la cortina del atardecer.
A escuchado por enésima vez la canción de espuma y olas que el mar canta desde la cercana playa, espejo de arena con versos de agua y letras de espuma y rompeolas con olor a sal y poniente.
Sus ojos han leído una y otra vez las letras que han escrito mil golondrinas en flor sobre un cielo que huele a verso y silencio. Sus oídos son el eco infinito de un piano que suena en canciones azules con letras en blanco y negro.
Ha caminado por las calles del día a la luz de anhelos en carne viva y recuerdos no vividos de un corazón entre las manos. Ha parado sus pasos por esquinas en flor y aceras con destino a lo imposible. Ha llorado y ha reído a un mismo tiempo cuando un beso con vestido de jazmín le ha abierto las puertas del presente, y un olor a cañuelo y luna llena ha sido espejo de un sueño infinito.
Esta tarde quiere volar, pero le duele el alma, mira hacia la nada y el silencio se sienta junto a ella. Con voz queda escribe unas palabras en su oído. Una luz se ha encendido en su mirada y una sonrisa ha prendido entre sus labios.
Ha aprendido que el olvido puede ser el aire para desplegar las alas del alma.  



                                         Foto Juan José Hernández Maldonado
                                         https://youtu.be/e4gBmtnyG_A

             
 
 
 

viernes, 22 de septiembre de 2017


 

                                                               RENGLONES 

Sobre la blanca almohada de un folio en espera, con tonos azules de renglones sin final, con notas irisadas de emociones a contratiempo, con letras transparentes de deseo a flor de alma y latidos de piel con el corazón entre las manos, han llegado esta madrugada las sutiles golondrinas de unas letras a contravía.
Cruzando el tiempo que marca una distancia infinita, una cercanía de dos latidos, sobrevolando el horizonte redondo de un reloj en la estación de lo imposible, traspasando muros de espera y paredes de silencio, arrulladoras, inquietas, luminosas, acariciantes, cantarinas, transparentes, susurrantes, ilusionadas, cual sueños en duermevela.
Entre anhelos a contratiempo han llenado el espacio que hay entre la nada y la espera, entre el vacío y el sueño, y han puesto farolas con luz de ocaso allá donde el mar acaricia y mece los sueños, y unos ojos se hacen espejo de la tarde.
Y han hecho un camino en tierra de nadie, un sendero de luz ambarina entre oscuras lunas a solas.  
Sobre la blanca almohada de un folio en espera han llegado, como en un deseo las sutiles golondrinas de unas letras. Sentados al borde   de un sueño unos ojos miran inquietos sobrevolando las letras. Y una pregunta se queda flotando entre azules ...
¿Sabrán leer?  
 
  
                                       Imagen bajada de la red
                                       https://youtu.be/6gNRCoyA4hs

sábado, 2 de septiembre de 2017


                                                                 EL DUENDE

Con manos emocionadas procedió a abrir el paquete que acababa de recibir. Fruto de mucho buscar entre libros descatalogados y viejas librerías aquel ejemplar era un tesoro que al fin tenía en sus manos. Con suma delicadeza desenvolvió el viejo libro y lleno de emociones procedió a abrir su tapa. Al hacerlo una nube imperceptible de polvo daba fe y crédito de que aquellas tapas no se abrieron en mucho tiempo.
Su color amarillento de cera vieja, su tacto duro y rugoso, transportaban a otro tiempo, a otro lugar. Y aquel olor tan especial que exhalaba. Mezcla de tintas vegetales y resinas especiales, olía a secretos, a misterios, a otra época. Y él amaba los secretos y los misterios. Y él, escritor afamado de novelas de intrigas y secretos, rituales y magia, tenía en sus manos un tesoro incalculable, un filón inagotable para seguir escribiendo.
El Canon In D Major de Pachelbel puso el fondo musical para iluminar aquel mágico momento. Una tras otra fue leyendo las primeras páginas de aquel libro tan deseado. Y se fué llenando de luz y de gozo a medida que avanzaba en su lectura.
El tiempo fue pasando hasta que la noche llamó en la ventana de su estudio. Con extrema dulzura cerró las tapas, inmensamente feliz. Se acercó a la ventana y respiró la noche. Septiembre caminaba ya media hoja en el calendario,   y por el parque que había bajo la ventana corría una brisa  suave, mezcla de agosto y otoño, con olor a terciopelo. Las hojas comenzaban a caer tras su trágico baile hasta el suelo, y una cercana farola avisaba con guiños que su bombilla  también sentía el otoño.
Se fué a la cama pleno de emociones y alegría. Cerró los ojos y al momento un sueño profundo y reparador envolvió su mente y su cuerpo. En ese mismo instante un rayo de luna llena encendió un punto de luz minúsculo en el aire. Aquel polvillo casi invisible fruto de quietud centenaria se tornó una pequeña esfera. Giró sobre sí misma y en un  suave volar silencioso recorrió el estudio, y llegó hasta la ventana.
Tras una vuelta más volvió sobre sus pasos y sobrevoló el viejo libro. Entre las hojas amarillentas una sonrisa de luz azul ilumina las letras centenarias. Tras muchos años encerrado entre pergaminos  ahora era libre, eternamente libre. Él vivía de los sueños, y el dueño del libro era escritor, un hacedor de sueños. Y volvió a salir de entre las letras para perderse entre las hojas que caían, en el aire que olía a otoño y los guiños de la farola, en el olor a oro viejo de unas letras centenarias. 
 
   
                                       Foto bajada de la red 
                                       https://youtu.be/NlprozGcs80      

sábado, 22 de julio de 2017


                                                               A LA ESPERA DE SER

Todo lo que pasó se ha ido camino del silencio y del olvido, todo lo que fue se ha vuelto transparente casi fluido. Todo lo sentido se ha quedado como flotando sin forma sin acento. Todo lo vivido se va evaporando, diluyendo entre tinieblas.
Todo lo andado se ha ido borrando, como pasos a contravía, como un camino en la nada. Todo lo escrito se ha ido fundiendo en transparente, como un folio en el aire, ausente de forma y renglones.
Todas las miradas se han fundido en un oscuro casi negro de universo vacío, en un horizonte sin destino. Todos los destinos se han fundido en un punto final sin principio ni camino.
Todos los latidos han callado su canción latente a una mudez sonora de sístoles y diástoles en contrapunto. Todas las canciones se han fundido en una luz oscura, en los surcos resecos de unas manos sin espera.
Todas las notas que sonaban en arcoíris se han vuelto una lluvia transparente de gotas sin acento. Todas las palabras han vestido de silencio sus formas y apagado las luces de su voz, y ahora vagan, náufragas de norte y de sentido, por un folio sin renglones  ni fronteras.
Todas las flores se han vestido de un negro mudo y transparente, ausentes de emociones de colores, carentes de canciones irisadas. Todas las calles del día se han fundido en un gris de acera solitaria, en una rotonda sin principio ni final.
El aire ha callado su voz de arrullo y mira hacia el vacío con voz ausente, con pasos en sequía por caminos a oscuras. La luna ha apagado su luz de cara llena en la farola de la noche, y vaga como en sueños por la calle de la madrugada a solas.
El tiempo se ha parado, como ajeno en su mundo, ora redondo, ora cuadrado, encerrado entre paredes cambiantes, sin manecillas para caminar senderos de tic – tac, sin números para guardar sentimientos entre formas redondas.
Todo se ha vuelto como noche, la luz se ha hecho transparente sin formas ni fronteras, todo yace como ausente en el sutil espacio de la espera, como aguardando el momento de ser otra vez a la luz del día. 
 
 
 
                                              Imagen bajada de la red
                                              https://youtu.be/5yRgiXh2fP4